Daniele Finzi Pasca


poeta de la escena, estratega del vuelo

María Morett, dramaturga y directora, relata su amistad con Daniele Finzi Pasca, un artista cuyas puestas en escena resultan sorprendentes: Icaro, Donka - Carta a Chéjov, Corteo, Bianco su Bianco y Per te. Un director que sueña y crea sueños colectivos con secretos y preguntas cantadas al oído, vuelos, imaginaciones, viajes al interior y búsquedas del alma. Morett aborda también la técnica del artista clown: el teatro de la caricia, la cual toca lo humano que se lleva dentro y se ha olvidado.

Daniele Finzi Pasca es un poeta de la escena y un estratega del vuelo. Director, escritor, coreógrafo, clown que habita el espacio escénico, con el gesto invisible y el teatro de la caricia. Es un creador que juega con las dimensiones, con la gran tecnología o con las cosas simples, donde algunos elementos, como hombres que giran con un aro, redes sobre camas, clowns pequeños y grandes, ángeles, pedazos de hielo, pelotas, patines, luces portátiles, cañas de pescar, libreros de varios metros, máscaras de hipopótamo y rinoceronte, armaduras, abrigos de alas, instrumentos, camas… se transforman, se transfiguran, así como sus espectácu-los, que van desde un monólogo hasta dos montajes para el Cirque du Soleil, la puesta en escena de varias óperas, conciertos y tres ceremonias olímpicas; sin perder la esencia, la intimidad de ver a los otros a los ojos.

Daniele crea sueños, contando historias bellas, simples y profundas, con la ayuda de sus entrañables cómplices de la escena, su equipo creativo, técnico, actores, clowns, malabaristas, bailarines, acróbatas, músicos; con imágenes, sombras y luz. Daniele quiere llenar nuestros ojos de belleza y que llueva en ellos. Desde Ícaro hasta el más grande de sus espectáculos, quiere hacernos ligeros; con pequeños pasos y saltitos logra que sus zapatos de clown toquen el alma y nos hagan volar.

Mi gran amistad y admiración por Daniele comenzó hace 26 años, sin haberlo visto aún, desde que mi pareja viajó a Uruguay, a un festival, con el espectáculo El ajedrecista, y me comentó que en la programación vio algo que me encantaría: un clown suizo que presentaba un monólogo sobre Ícaro; había temas en común con los que yo tenía resonancia: el mito del laberinto, el deseo de volar… Todo esto me creó muchas expectativas. Cuando regresó, me contó Ícaro, detalle a detalle, de principio a fin, escena por escena, logró hacerme reír y llorar hasta conmoverme, de tal forma que en ese momento decidimos traerlo a México. Había que organizar una temporada y volvernos productores, nos tardamos algunos meses, pero lo logramos con la ayuda de amigos y familia. Daniele cambió nuestra vida con ese primer viaje a México y creo que nosotros también la suya.

Ícaro es una de sus obras más celebradas y en donde creo que está la semilla de muchas de sus creaciones. Con esta obra se ha presentado, desde su estreno en 1991, por todo el mundo, con más de novecientas funciones en diferentes idiomas.

Einstein on the Beach (2019), una fastuosa y deslumbrante puesta en escena del clásico de Robert Wilson y Phillip Glass.
Einstein on the Beach (2019), una fastuosa y deslumbrante puesta en escena del clásico de Robert Wilson y Phillip Glass.

 

Hay montañas que esperan por ti toda la vida. Definen el horizonte vertical de la imaginación de un niño antes de fijarse en su memoria..., Ícaro es una montaña que escalo desde hace más de 25 años.

D F P

La obra comienza con Daniele en proscenio, haciéndonos cómplices de su idea. Nos cuenta que escribió Ícaro en prisión, que fueron las vacaciones personales que le organizó el gobierno por negarse a hacer el servicio militar (un acto de consciencia), que la escribió para un solo espectador y que la hará para una sola persona del público. El invitado no sabe que se embarcará en un viaje poético que sucede en un cuarto de hospital con dos enfermos terminales que hablarán y aprenderán a luchar, volar, imaginar y escapar juntos.

He visto muchas funciones de Ícaro, en cada una he constatado cómo ese único espectador se transforma y baja del escenario de otra manera, porque ha sido tocado por esta experiencia única del Teatro de la Caricia, y a través de él, todos los espectadores. El Teatro de la Caricia y el monólogo de Ícaro tienen su origen en un viaje a la India, realizado por Daniele cuando tenía 18 años, para colaborar como voluntario en Calcuta, con un misionero que se llamaba Guido y la Madre Teresa. Ahí logró encontrar en los ojos de un joven de su edad en etapa terminal, un sentido para su creación teatral y la forma para tocar al otro, acariciar el alma. Los ojos de Sunil, así se llamaba este joven, fueron tan importantes como los silencios, su comunicación sin palabras, tanto como cargarlo y acompañarlo en su proceso a morir, como a muchos otros… Estas vivencias lo tocaron profundamente. Con Ícaro intenta vernos de la misma forma, desde la cercanía, en un cuarto del que sólo se puede salir con la imaginación; con la fuerza que da que otro crea en ti, hacerlo juntos y volverlo una aventura para contar otras posibilidades.

A partir de las primeras funciones de Ícaro en México, Daniele dejó una huella indeleble en el público y México tocó a Daniele profundamente. En lo personal, desde aquel noviembre de 1994, Daniele se convirtió en nuestro hermano suizo mexicano.

Ícaro (1991) de Daniele Finzi Pasca, obra emblemática del dramaturgo y de la compañía, con 800 representaciones.
                    (1991) de Daniele Finzi Pasca, obra emblemática del dramaturgo y de la compañía, con 800 representaciones.

 

Daniele Finzi Pasca: un director de escena que sueña y crea sueños colectivos

Daniele logra tener cómplices. Es un director de escena capaz de hacer que sus actores dancen en un sueño. Para él, los actores son pensamientos en movimiento, entrenan el cuerpo y sobre todo la mente para seducir al público con su singular carisma y encanto.

Daniele habla seis idiomas muy bien, su compañía es internacional, todos son virtuosos, multifacéticos, políglotas, tienen también ese candor y simpleza del clown de la caricia. Cuentan con herramientas maravillosas para lograrlo; saben verse entre sí y ver al otro para contar una historia con verdad y con imaginación; muchas veces pueden enseñarte el truco, pero el sueño se conecta con la ilusión; cuanto más incoherente, más inteligente y más conmovedor. Daniele amplifica los detalles, cambia los equilibrios y las medidas, y los pone en el escenario bajo la luz de una buena historia e invita al público a danzar con él. Y nos dice que para actuar en el escenario se necesita el virtuosismo y que para él es tan importante la forma como el contenido.

He tenido la oportunidad de verlo en ensayos conviviendo con los actores de su compañía y también con actores invitados para producciones enormes. Recuerdo una ocasión en los ensayos de las primeras funciones de Corteo, su primer espectáculo con el Cirque du Soleil, cómo me impresionó la forma en que Daniele lograba esta ritualidad íntima con sus ejercicios de lanzar el bastón, de pedir permiso al espacio, de estar atentos, y también de buscar siempre el talento y la originalidad o esencia única de cada persona. En Corteo me encantó un número donde un personaje chiflaba virtuosamente; era su esencia en escena, algo bello. Lo mismo el número de una pareja de gente pequeña. La ternura y el amor de esta pareja en escena y fuera de escena, una pequeña clown flotando con tres globos sobre el público que la lanzaba de un espacio a otro; una imagen bella, poética. Dentro y fuera del escenario descubrí que estos clowns realmente tenían esa belleza interna y por eso era tan mágico. Como dice Daniele: “El talento crece al utilizarlo, al compartirlo, si uno no lo comparte no sirve de nada”.

Donka, una carta a Chéjov es un acercamiento al mundo del gran narrador ruso a través de la magia circense y el lirismo cromático
Donka, una carta a Chéjov es un acercamiento al mundo del gran narrador ruso a través de la magia circense y el lirismo cromático

 

Daniele: el acróbata, el clown, el actor

Después de Ícaro, Bianco su bianco es uno de los espectáculos de Daniele que he visto más veces, uno de mis favoritos, y que siempre, después de cada función, sentía que tocaba mi corazón y me enseñaba algo hermoso de los seres humanos y sus relaciones. Hay una conexión también con un niño interior que fue maltratado y rescatado por alguien, por algo, por un grupo o una comunidad y que también después, se puede transformar en alguien que ayude a otros al tocarlos. La obra es una joya, un bosque de luces, una historia de amor y de amistad. El maravilloso texto de Daniele y la gran dirección de dos excepcionales actores, clowns, malabaristas, cantantes, acróbatas, Helena Bittencourt y Goos Meeuwsen, erizan la piel, desbordan en escena talento, perfección, melancolía y alegría. Dos de los artistas y personas más hermosas que he conocido en mi vida.

Bianco su Bianco (2014) es un relato de amor en el que dialogan las disciplinas milenarias del arte circense con las innovaciones tecnológicas.
Bianco su Bianco (2014) es un relato de amor en el que dialogan las disciplinas milenarias del arte circense con las innovaciones tecnológicas.

 

Todo lo que hacemos es para poner al público en la puntita de la silla, ahí, totalmente abiertos, porque en ese momento, puede ser que logres darle el mensaje secreto. 

Daniele nos dice:

—En Bianco su bianco ponemos bombillas porque es una idea teatral para sorprender al público. La tecnología, los artificios, todo lo que hacemos, es para poner al público en una posición que no sea en la que uno generalmente está. Lo que quisiéramos es que estén en la puntita de la silla, ahí, totalmente abiertos, porque en ese momento, puede ser que logres darles el mensaje secreto, que no tiene que ver con la línea dramática que les estás contando… Es otra cosa, un secreto tuyo que abre la posibilidad que tenemos los actores de llenar estos infinitos espacios vacíos que la dramaturgia, el contexto, la coreografía, no llenan, y entonces el actor la continúa al entablar un diálogo muy preciso con el autor, el público, con el lugar donde se encuentra. Interpretar es exactamente esto. Finalmente, lo que estamos tratando de hacer es sorprender. A nosotros los actores no nos importa el hecho de permanecer; no nos preocupamos, no tiene ni sentido hablarlo. Un día eventualmente nadie nos va entender. Somos como esos pasitos que nacen en la arena y se borran enseguida. No nos preocupamos de dejar huellas porque todo se va, y es por eso que tenemos esta cosa extraordinaria de estar cerca de las altas espiritualidades.

En el libro Teatro de la caricia, Daniele nos cuenta que comenzó como acróbata. Para él, la acrobacia viene de un lugar o un pensamiento mítico, profundo, de un desafío. Lo que más le interesó en el circo fueron los acróbatas y la posibilidad del vuelo; le emocionaban los funámbulos, trapecistas y malabaristas, quienes encuentran la forma de entender y luchar contra las leyes de la realidad, intentando hacer algo para despegarse del piso y empezar una danza que se convierte en vuelo. Para conmocionar, un acróbata danza un pensamiento en conmoción, no se mueve, se deja mover; no brinca, se deja brincar, juega con su destino. Para Daniele, el clown es un actor que danza un cortejo frente a la humanidad y que ve al público como a un dragón; por eso el clown tiene que ser ligero y profundo, desde el prólogo, para poder mirar todos los ojos del dragón y danzando conseguir enamorarlo. Seres vulnerables, inestables, con raíces profundas, que se defienden en silencio; el clown interroga, es un guía, lleva la historia, la humanidad. Un clown es el Virgilio de Dante. El clown no tiene que ver necesariamente con el circo, es el experto en danzar en el proscenio y por lo tanto puede dialogar con el público, no es un actor que interpreta un clown, es un clown y su trabajo es ser y el espacio le pide no interpretar; es un espacio donde conviven lo real y lo imaginario. Por eso en Ícaro, Daniele nos dice que para aprender a volar hay que utilizar la ayuda del viento y también la intuición, que es más grande que los sueños y más importante; que uno tiene que aprender a abrir los brazos y agarrarse a las corrientes; somos clown porque así cumplimos un sueño, porque así logramos volar, escaparnos, ser libres, unir al niño y al viejo que llevamos dentro.

El 15 de marzo del 2020, Daniele Finzi fue a ver la última función de mi puesta en escena Piedra de sol, un espectáculo que estrené en inglés en CalArts, en California, hace varios años, basado en la poesía de Octavio Paz, André Breton y Nezahualcóyotl, que el año pasado, gracias al Liber Festival, estrené en español, con una nueva producción que terminaba temporada en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Estuvimos juntos todo el día, tomamos un café en el museo, comimos en el bar La Ópera, como otras veces recordando tantas cosas, mientras nos preparábamos para asistir a la última función de Donka, una carta a Chéjov, en el Teatro de la Ciudad. Regresaban de una gira por Guadalajara, era el primer fin de semana de funciones. Conversamos sobre lo que venía para la Compañía Finzi Pasca, el panorama no era bueno: muchos planes cortados, funciones canceladas en Europa y China, y la decisión de terminar anticipadamente la temporada en México para que los integrantes de la compañía pudieran volver a sus casas antes de los cierres de fronteras en sus distintos países de origen.

Las voces del agua. Donka, una carta a Chéjov se inspira en la fascinación por la pesca del autor ruso; Donka es el nombre de la campana con que atraía a los peces.
Las voces del agua. Donka, una carta a Chéjov se inspira en la fascinación por la pesca del autor ruso; Donka es el nombre de la campana con que atraía a los peces.

 

Le pregunté, ante la pandemia, qué estaba pasando en este momento con la compañía. Me contestó:

—Estamos haciendo mil cosas en un momento muy caótico. Por ahora casi todos los proyectos se están cayendo. Europa está paralizada, Cirque du Soleil está parado, excepto sus espectáculos en gira. Es un momento muy, muy complicado para la gente; en general en Europa la situación es difícil y va a llegar muy pronto aquí. De México, teníamos que ir a Corea, Macao y China con Donka, pero todo está bloqueado; La veritá se iba a Perú, Ícaro lo tenía que hacer en Bérgamo. Aquí vamos a cancelar la segunda semana de Donka porque es muy complicado regresar a casa; para los latinoamericanos tal vez no tanto, para Canadá es difícil, pero para los europeos es muy, muy complicado.

Le pregunto sobre su experiencia como director de ópera, me dice que ha sido un gran descubrimiento y le gusta de vez en cuando trabajar en ese mundo. “Es interesante porque te obliga a un trabajo de un lado muy instintivo y del otro tienes que planear todo porque tienes un tiempo tan reducido, entre más grande es el proyecto más extraordinariamente reducido el tiempo, porque el tiempo es monstruosamente costoso, como tú sabes bien. Entonces es un ejercicio de precisión”.

También me encantó que Daniele me contara de qué forma trabaja con los cantantes:

—Protegiéndolos, porque la ópera es un lugar muy extraño, es un público muy, muy extraño. Hay toda esta gente que se cree experta y viene con una actitud a ver un espectáculo de ópera casi casi como si su objetivo fuera la detección de posibles errores. El cantante esta ahí y canta cuatro horas, ¿ves?, como en Wagner, y estos “especialistas”… ¿en qué se fijan…? El problema es que no son especialistas. ¿Quién tiene la capacidad de decir qué es correcto o qué es incorrecto? No se necesita ciencia, lo entiende una cabra, cualquier persona puede descubrir una nota errada, un ataque musical errado… Evidentemente no se necesita ciencia. Los maestros, por el contrario, logran hablar de la perfección, cómo funciona un momento sublime, tratan de reconstruirlo… Por esto digo, para responderte, que se tiene que ayudar a los cantantes, porque en general se encuentran en una posición muy, muy tensa ya que tienen frente a ellos, muchas veces, a un público que está casi esperando el error. Pagas 300 dólares para ver una obra, para después estar en el foyer diciendo: “Hmm… Bueno, pero cuando la escuché cantar por la Callas…” ¿Quién se porta así? Si pagas 300 dólares, esperas las cuatro horas para tener un momento sublime y llevártelo a la casa. Por esto a los cantantes se les tiene que proteger ante todo.

Donka, una carta a Chéjov arraiga en el imaginario circense para evocar el mundo íntimo de Antón Chéjov.
Donka, una carta a Chéjov arraiga en el imaginario circense para evocar el mundo íntimo de Antón Chéjov.

 

Comentamos sobre cómo crear una nueva puesta en escena de una ópera.

—Hay que preguntarse por qué, por qué hacerlo diferente, en el sentido de que en la ópera hay puestas en escena históricas que son muy bellas. Entonces uno se tiene que interrogar qué vas hacer, mucho más que en el teatro. En el teatro, en las palabras, ya hay una dramaturgia que es materia maleable, pero en el caso de la ópera, existe una gran cantidad de convenciones y de necesidades de posiciones casi obligadas porque la relación que deben tener la voz y el cantante con el director de orquesta, con el coro, etcétera, te obligan a pensar que para el cantante hay posiciones que resulta necesario mantener, y se genera esa lucha de tratar de ponerlas en un contexto ideal para el sonido. Entonces, partiendo de eso, para hacer una nueva versión de La Bohème o una Carmen, tiene que haber una fuerte necesidad de relectura, y esto no sólo es un problema del director artístico del teatro, también tendrá que lograr poner alrededor de la mesa a gente que sienta esta necesidad. Sobre todo creo que esto funciona en ciertas producciones. A mí me pasó al trabajar con la English National Opera, que era una ópera verdaderamente con una capacidad de renovación muy fuerte, o también te puede pasar si estás trabajando con grandes conductores de orquesta, que determinan. Por ejemplo con Valeri Guérguiev he trabajado ya dos veces y voy a trabajar pronto una tercera vez. Tenemos una complicidad muy fuerte, que se refleja igualmente en los intérpretes, el coro, porque ven que estamos de acuerdo; pero otras veces, cuando hay tensión entre el conductor y el director, generalmente somos quienes perdemos, no hay nada que hacer.

También hablamos de la próxima creación de la compañía:

—De teatro hay una nueva creación de la compañía este verano: Nuda, que es una obra que voy a crear, como ocurrió con Bianco su bianco, basada en una novela que escribí anteriormente, es la historia de dos hermanas gemelas. Probablemente es la primera vez que he escrito algo que se asemeja a una pequeña novela. Trata de esta extraña relación entre una hermana que cuenta la vida de la otra que se volvió santa y cómo nacer y crecer como hermana de una santa te complica tantas cosas. Es muy, muy surrealista, como un poco todas las cosas que hago, y ahí toda la compañía va a estar involucrada.

Ícaro (1991) fue la primera obra de Daniele Finzi Pasca, escrita a partir de su experiencia juvenil en Calcuta.
Ícaro (1991) fue la primera obra de Daniele Finzi Pasca, escrita a partir de su experiencia juvenil en Calcuta.

 

Antes de salir del Museo Nacional de Antropología, estando en este gran museo que representa nuestra cultura quise preguntarle qué representa México para él.

—México representa casa, representa encuentros con amigos, con ustedes, con un mundo que también me deja siempre sorprendido por la fuerza de sus raíces bien reivindicadas, bien defendidas, y también con esta esperanza, cada vez que vengo, que aquí se pueden empezar a resolver ciertas cosas. Pero ayer en frente del teatro, en el intermedio, me tocó ver una agresión, alguien que viene a robar en medio de todos, sin que nadie reaccione… Y tú ves este grado de violencia tan fuerte que te deja con esta ternura diciéndome “ojalá que esta tierra se vuelva lo que merece ser…”. Entonces me enfrento a esta doble cosa, esta emoción de llegar aquí, de bañarme de todo este universo y de gozarlo, como lo gozo siempre, y por otro lado, sentir esta cosa, viendo a los amigos, que hay algo que pesa, que aplasta y que espero que se reponga pronto.

Después de esta charla, fuimos a comer al bar La Ópera, como muchas otras veces, recordando tantas cosas, mientras nos preparábamos para asistir a la última función, memorable, de Donka, una carta a Chéjov, en el Teatro de la Ciudad, con el teatro lleno. Ahí, esa noche, volvimos a sentir la emoción y la belleza de la compañía Finzi Pasca.

En Donka, Daniele regresa a la intimidad de la escena donde las grandes preguntas nos las dice al oído ante una acción incoherente, y nos desvela un Chéjov que no es Chéjov; una metáfora que habla de ese hombre que revolucionó el teatro, pero que Daniele pasa por alto para centrarse en el Chéjov al que le gustaba pescar y le fascinaba la conversación en el camerino. Un Chéjov que después de danzar en el hielo, un día dejó sus zapatos al pie de la cama, como el alma del clown, para danzar una danza infinita de camas llenas de imágenes bellas.

Einstein on the Beach (2019) de Daniele Finzi Pasca, magistral adaptación de la célebre ópera de Philip Glass y Bob Wilson, dos de los mayores genios del arte musical y escénico contemporáneos
Einstein on the Beach (2019) de Daniele Finzi Pasca, magistral adaptación de la célebre ópera de Philip Glass y Bob Wilson, dos de los mayores genios del arte musical y escénico contemporáneos

 

Sobre Donka Daniele nos cuenta:

—Decidí descubrir a Chéjov buscando sobre todo lo particular, en los detalles de su vida, en las páginas de sus escritos. He pensado dar forma a los silencios contenidos en las notas de sus diarios y crear imágenes partiendo de sus anotaciones. Después busqué vidas paralelas a la suya en el jardín de mi casa, porque es la única forma que conozco para contar historias, excavando debajo de las rosas en busca de un tesoro. Vengo de un teatro impregnado profundamente del lenguaje de los clowns, los malabaristas, el mundo delicado y mágico de la acrobacia. Decidí hablar de Chéjov así y para hacerlo me rodeé de mis cómplices de siempre, creadores con quienes colaboro desde hace años y con quienes comparto no sólo una estética y un modo de pensar el teatro, sino también la pasión por defender nuestro mundo imaginario.

Después de ver Donka, me quedo con este texto de la obra, que me parece bello y revelador:

—Tratamos de saber dónde se encontraba el alma, la buscamos por todos lados. Pensamos que estaba aquí, o acá. Para nosotros los clowns, el alma está en nuestros zapatos, y los zapatos de Chéjov estaban muy cansados, quizás porque habían viajado mucho, quizás porque tenía un alma vieja… el alma es un bello silencio.

Al acabar la función, con el teatro vacío, pienso en los espectáculos del Cirque du Soleil, los grandes espectáculos de los estadios en las olimpiadas, la ópera en el Teatro Mariinski, y vuelvo a ver a Daniele ahí, en el escenario del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, con la incertidumbre de una pandemia que apenas nos estaba llegando; lo observo cómo, junto a sus compañeros, su familia, guarda la utilería, enseñando a mi hijo Marco cómo empacar las cañas de pescar, una por una, simple y humano, y recuerdo cómo hace 26 años hacíamos lo mismo después de las primeras funciones de Ícaro en México, tres integrantes del entonces Teatro Sunil, su querido hermano Marco y Antonio, con la sensación de saber que el encuentro con Daniele y esas funciones memorables de Ícaro en el Teatro Helénico, dejarían una huella indeleble en nuestras vidas.

Después del desmontaje, cenamos con él y con varios amigos de la compañía. Hablamos del teatro, la ópera, del reestreno de Donka y de nosotros. No sabíamos bien lo que vendría después. Daniele se iba a Brasil al día siguiente y así, cada uno de los actores, el equipo creativo, de producción y técnico partía a diferentes países, sobre todo de Europa.

Nos despedimos como otras veces con un gran cariño y esperando encontrarnos de nuevo.