Ludwig van Beethoven. Egmont opus 84

Sergio Vela presenta el texto que sirvió para acompañar la ejecución de Egmont opus 84 de Beethoven en la Temporada de Verano de 2012 de la Orquesta Sinfónica de Minería. Esta obra es la música incidental de la tragedia homónima de Goethe y exalta el valor de la libertad en una época asolada por las invasiones napoleónicas.

Texto narrativo para acompañar Egmont opus 84 de Ludwig van Beethoven, música incidental para la tragedia homónima de Johann Wolfgang von Goethe.[1]

Egmont

Retrato idealizado de Egmont que se muestra como un joven noble; grabado de Friedrich Pecht, 1864. Fuente: Freies Deutsches Hochstift / Casa Museo de Goethe, Fráncfort.

Narración antes de la obertura:

Antes de que el telón se alce para revelar la escena, la música dará comienzo al drama. Nos hallamos en los Países Bajos, hacia 1566, donde se prepara una revuelta contra el dominio español. En estas tierras nació en 1500 el emperador Carlos I, que abdicó hace diez años, tras haber dividido la región en las Diecisiete Provincias por medio de la Pragmática Sanción de 1549; su hijo, Felipe II, ha ejercido un mando inflexible en defensa de la fe católica y recientemente ha impuesto la obediencia de los decretos tridentinos en contra de los calvinistas, nobles locales muchos de ellos. Ahora, aunque incipiente, casi sorda, casi muda y casi torpe, se fragua una rebelión. Los habitantes de las tierras neerlandesas están sometidos de mal grado a los designios del monarca español, y el yugo impuesto por la Corona oprime gravemente sus libertades. Sin embargo, al cabo de cada noche, una dicha refulgente se despierta y la esperanza se levanta por encima del desasosiego: la fe en un libertador enciende el ánimo día con día. Un nombre resuena, portentoso, a la cabeza de los nobles flamencos, y el eco lo repite por doquier: el Conde Egmont, héroe de Gravelinas y San Quintín. ¡Larga vida a Egmont!

(Sigue: Ouvertüre)  [Obertura] 

Narración al terminar la obertura: En la bulliciosa y rica ciudad de Bruselas, ahora semidesierta por la caída de la noche, las puertas se han cerrado. En una de las casas de la villa, una hermosa joven de oscuros ojos resplandecientes, mitad niña y mitad ángel de furia, contempla el mundo con mirada aquilina. Es Clärchen, la muchacha que adora el Conde Egmont, la novia amantísima que roba el corazón del héroe y que es acogida por el manto del noble. Los vecinos la tratan de manera peculiar: los hombres, con una mezcla de respeto y ternura; las mujeres, con envidia por ser la dueña de Egmont. Pero Clärchen, aunque dichosa, sabe muy bien que nunca tendrá del todo al amado, y a veces se entristece, llora y se dice cuánto mejor sería ser un mozo, un hombre, para estar cerca de Egmont en los tiempos buenos y en los aciagos, sirviéndole y levantando de frente sus banderas en el fragor de la batalla.

El conde Egmont
Egmont de Johann Wolfgang von Goethe se encuentra inspirado en la vida del conde de Egmont, héroe nacional flamenco. Retrato de Lamoral, conde de Egmont, óleo de Frans Pourbus el Viejo, 1579. Fuente: Wikipedia

 

(Siguen: Nr. 1 Die Trommel gerühret!, Clärchens Lied, y primera parte de Nr. 2 Der erste Zwischenakt). [canción: Redobla el tambor] 

 

Narración al llegar a la corona del compás 81:

Clärchen exclama: “No hay en él ni un ápice de falsedad; mira, madre, este es el gran Egmont. Y cuando se acerca hacia mí, es siempre gentil y bondadoso. ¡Cómo me colma de atenciones! Siempre es sólo hombre, sólo amigo, sólo amante…” (Sigue: conclusión de Nr. 2 Der erste Zwischenakt) [primer entreacto] 

 

Clärchen y Egmont

Clärchen y Egmont, grabado de Wilhelm von Kaulbach. Fuente: Freies Deutsches Hochstift / Casa Museo de Goethe, Fráncfort

Narración al terminar el Nr. 2:

Egmont viaja por senderos abruptos, y aunque pesan sobre él las sospechas de los españoles que lo odian, mantiene la cabeza en alto. A su lado, siempre está Guillermo de Orange, el amigo precavido que aconseja prudencia ante los adversarios mientras mide las cadenas del sometimiento. Pero, ¡ay!, Egmont no presta oídos a tales consejos: para él, la vida es un juego intenso, y bien podría considerarse muerto el que mira en torno suyo con nerviosismo o temor. ¿Qué valor tendría la vida –pregunta Egmont a su amigo– si, medrosos, aspiráramos tan sólo a la cómoda seguridad que aniquila los impulsos más nobles y el entusiasmo? Fustigados por espíritus invisibles, los corceles del sol cabalgan con frenesí durante el breve lapso de la vida y conducen con ligereza el carro del destino humano. Que el hombre tome las riendas con firmeza, aunque no sepa adónde dirigir la cuadriga. Y dice Egmont a su secuaz: “¡Alégrate entonces, que la vida es corta para todos los placeres! ¡Toma el camino que se te ofrezca, y yo mismo habré de escuchar, cerca de mí, tu voz cálida mientras se aproxima el desastre con pasos pesados!”.

(Sigue: Nr. 3 Der zweite Zwischenakt) [segundo entreacto] 

Narración al terminar el Nr. 3:

Clärchen, la bienamada, espera. Sus anhelos y sentimientos se centran en Egmont: él es la causa del regocijo y del llanto. Él, sólo él, suscita ese movimiento inesperado de un péndulo que va del éxtasis al dolor. Este es el misterio de la vida: en el pecho, el amor libra una batalla sin remedio, y sentirse dichoso o desventurado es el signo de la humanidad.

(Sigue: Nr. 4 Freudvoll und leidvoll, Clärchens Lied) [canción: Llena de alegría y de pesar] 

Narración al terminar el Nr. 4:

Y entonces, por última vez, llega Egmont a su paraíso terrenal. Los atavíos del héroe son magníficos y deslumbrantes…

(Sigue: Nr. 5 Der dritte Zwischenakt, inicio, compases 1 a 4) [tercer entreacto] 

En el segundo tiempo del compás 4, continúa la narración:

… Clärchen lo mira con azoro, pero sí, ¡es su Egmont! (Sigue: Nr. 5 Der dritte Zwischenakt, compases 5 a 56).

Narración a partir del compás 59:

El rey ha cavilado, y considera que requiere un general sagaz y poderoso que logre apagar el fuego de la insurrección y someta a los plebeyos y la nobleza, a los burgueses y a los paisanos. Entonces decide enviar a Flandes un ejército bajo el mando del gran Duque de Alba. (Sigue: Nr. 5 Der dritte Zwischenakt, compases 59 a 116)

Narración al terminar el Nr. 5:

Aunque sabe de los peligros que acechan, el héroe traspasa el umbral del palacio y se presenta ante el enemigo. Habla con franqueza ante el siempre adusto Duque de Alba: Egmont expone razones y defiende la libertad del pueblo que no quiere grilletes, sino el respeto de sus propios derechos. Con rapidez, un círculo de hombres del Duque de Alba rodea al rebelde, y pronto el camino para la huida estará cerrado. Egmont es conducido a la mazmorra, donde habrá de aguardar la muerte. (Sigue: Nr. 6 Der vierte Zwischenakt) [cuarto entreacto] 

Narración al terminar el Nr. 6:

Pero la muchacha, que hasta hace poco era estrechada dulcemente en los brazos del héroe, toma una determinación audaz: quiere despertar el fervor patriótico de los ciudadanos y derrumbar el portón de la cárcel de Egmont para devolverle la luz del día y la libertad. Clärchen, sin embargo, implora en balde; nadie acude a su llamado, y un pavor frío invade la ciudad entera. Al saber que no hay salvación para Egmont, el corazón de ella se rompe, y morirá antes que él, tan fiel como en la vida. (Sigue: Nr. 7 Clärchens Tod bezeichnend) [La muerte de Clara]

Narración al final del Nr. 7:

¡Alma infeliz! ¡Una palabra más, y luego, adiós! No puedo más. El espíritu bien puede ser vigoroso, pero a fin de cuentas la naturaleza reclama sus fueros; así como un niño disfruta de un sueño refrescante aunque lo circunde una serpiente, así también yace por última vez y reposa el hombre fatigado ante las puertas de la muerte, como si llegara de un trayecto agotador. Conozco una muchacha, que no será despreciada por haber sido mía. La encargo a ustedes para morir en paz.

(Sigue: Nr. 8 Melodram) [melodrama]